|
Temas
Archivos
Enlaces
|
 José Enrique Rodó pertenece al siglo XX, nació en Montevideo el 17 de julio de 1872. Es después del la guerra de 1914 cuando nuevas ideas y estilos literarios surgen en toda Europa y en América. En 1900 publica su libro "Ariel", donde señaló las fallas de las regímenes democráticos, con justeza e imparcialidad; pero a la vez encauzó la acción y la voluntad hacia un ennoblecimiento de éstos, por medio de la cultura. Murió en Italia el 1º de mayo de 1917. para leer más
En el Uruguay, durante el siglo XIX, la ciencia tuvo muy escaso desarrollo. Tres precursores científicos son: - Manuel Perez Castellanos
- Dámaso Antonio Larrañaga
- Teodoro Miguel Vilardebó.
Sin que tu lo eligieras ella resolvió traerte te encaminó como pudo hoy, está en ti la suerte.
A veces quisieras no tenerla pregunta, aconseja, agobia, siempre eres el “chiquito” que busca su presencia.
Su cuidado consideró poco; de tus problemas se apoderó sus noches fueron las tuyas y tus errores nunca vió.
Eres de ella un pedazo que tu nacimiento le arrebató, cuidaselo por siempre jamás repetirá la versión. (escrito el 12 de mayo de 2001 para Marcelo y Pablo)
 ¿Qué eres?, ¿quién eres? han sido tus preguntas. Llegaste a los quince respuestas buscamos juntas. Desde niña te observé, Carolina como crecías aceptando la realidad henchida de fantasías. Acéptate como eres, no busques más razones tienes toda la juventud en jardines de ilusiones. La vida no es siempre la utopía que queremos mas busca disfrutarla, todos nos alegraremos. Aférrate a tus sueños, alcanzarlos es el objetivo rocas tendrás en el camino pero déjalas en el olvido. Una lágrima, dos lágrimas, tus ojos pueden visitar, con valentía de niña - mujer segura las podrás secar. Hoy te sientes princesa, en los labios una sonrisa, con el alma llena de alegría disfrútala sin prisa. Todo lo que has aprendido son algunos bocetos para que vayas creciendo colmada de proyectos. Para escuchar oídos tienes, oye la voz de tu inteligencia el corazón no sabe pensar y no es rico en paciencia. Todavía no se ¿que eres?, conocerte quisiera en profundidad sólo interesa quien eres: Ana Carolina, goza tu felicidad. (Escrita para sus 15 años) Otras campanas floridas.-
titilan las campanas porque su ding dong no se oye la primavera es color aún para el que llore. La inspiración no tiene luz la neurona no suena pero el deseo es que leas una página nueva
Maldonado, 22 de enero de 2001 hora 23:37 ¿qué es la filosofía? «Lo primero que ocurriría decir fuera definir la filosofía como conocimiento del Universo. Pero esta definición, sin ser errónea, puede dejarnos escapar precisamente todo lo que hay de específico, el peculiar dramatismo y el tono de heroicidad intelectual en que la filosofía y sólo la filosofía vive. Parece, en efecto, esa definición un contraposto a la que podíamos dar de la física, diciendo que es conocimiento de la materia. Pero es el caso que el filósofo no se coloca ante su objeto --el Universo-- como el físico ante el suyo, que es la materia. El físico comienza por definir el perfil de esta y sólo después comienza su labor e intenta conocer su estructura íntima. Lo mismo el matemático define el número y la extensión; es decir, que todas las ciencias particulares empiezan por acotar un trozo del Universo, por limitar su problema, que al ser limitado deja en parte de ser problema. Dicho de otra forma: el físico y el matemático conocen de antemano la extensión y atributos esenciales de su objeto; por tanto, comienzan no con un problema, sino con algo que dan o toman por sabido. Pero el Universo en cuya pesquisa parte audaz el filósofo como un argonauta, no se sabe lo que es. Universo es el vocablo enorme y monolítico que como una vasta y vaga gesticulación oculta más bien que enuncia este concepto riguroso: todo cuanto hay. Eso es, por lo pronto, el Universo. Eso, nótenlo bien, nada más que eso, porque cuando pensamos el concepto "todo cuanto hay" no sabemos qué sea eso que hay; lo único que pensamos es un concepto negativo, a saber: la negación de lo que sólo sea parte, trozo, fragmento. El filósofo, pues, a diferencia de todo otro científico, se embarca para lo desconocido como tal. Lo más o menos conocido es partícula, porción, esquirla de Universo. El filósofo se sitúa ante su objeto en actitud distinta de todo otro conocedor; el filósofo ignora cuál es su objeto y de él sabe sólo: primero, que no es ninguno de los demás objetos; segundo, que es un objeto integral, que es el auténtico todo, el que no deja nada fuera y, por lo mismo, el único que se basta. Pero precisamente ninguno de los objetos conocidos o sospechados posee esta condición. Por tanto, el Universo es lo que radicalmente no sabemos, lo que absolutamente ignoramos en su contenido positivo». ( pp. 308-309.)
«Entrevimos que la verdad científica, la verdad física posee la admirable calidad de ser exacta, pero es incompleta y penúltima. No se basta a sí misma. Su objeto es parcial, es sólo un trozo del mundo y además parte de muchos supuestos que da sin más por buenos; por tanto, no se apoya en sí misma, no tiene en sí misma su fundamento y su raíz, no es la verdad radical. Por ello postula, exige integrarse en otras verdades no físicas ni científicas que sean completas y verdaderamente últimas. Donde acaba la física no acaba el problema; el hombre que hay detrás del científico necesita una verdad integral, y, quiera o no, por la constitución misma de su vida, se forma una concepción enteriza del Universo. Vemos aquí en clara contraposición dos tipos de verdad: la científica y la filosófica. Aquella es exacta pero insuficiente, ésta es suficiente pero inexacta. Y resulta que ésta, la inexacta, es una verdad más radical que aquélla --por tanto y sin duda, una verdad de más alto rango, no sólo porque su tema sea más amplio, sino aún como modo de conocimiento; en suma, que la verdad inexacta filosófica es una verdad más verdadera. Pero esto no debía extrañar. La tendencia irreflexiva y vulgar a considerar la exactitud como un atributo que afecta a los quilates de la verdad carece por completo no sólo de justificación, sino hasta de sentido. La exactitud no puede existir sino cuando se habla de objetos cuantitativos, o como Descartes dice, de "quod recipit magis et minus"; por tanto, de lo que se cuenta y se mide. No es, pues, en rigor, un atributo de la verdad como tal, sino de ciertas, determinadas cosas que hay en el Universo; en definitiva, sólo de la cantidad y luego, con valor aproximado, de la materia. Una verdad puede ser muy exacta y ser, no obstante, muy poco verdad. Por ejemplo, casi todas las leyes físicas tienen una expresión exacta, pero como están obtenidas por un cálculo meramente estadístico, es decir, por cálculo de probabilidades, tienen un valor sólo probable. Se da el caso curioso --y el tema merecería ser tratado aparte, porque es candente y gravísimo-- de que conforme la física se va haciendo más exacta se le va convirtiendo entre las manos a los físicos en un sistema de meras probabilidades; por tanto, de verdades de segunda clase, de casi - verdades. La consecuencia de esto es uno de los motivos que llevan a los físicos actuales, gigantes creadores de un novísimo panorama cósmico, a ocuparse de la filosofía, a asentar su verdad gremial en una más completa verdad vital».  cuando no tengas nada que hacer .... pues aqui una sugerencia: lee siempre habrá un momento para enriquecer el espíritu
|