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Sobre VAZ FERREIRA

Introducción En el presente trabajo reflexionaremos sobre dos temas tratados en el libro de Carlos Vaz Ferreira titulado “Moral para Intelectuales” . Estos tópicos son: “Deber de cultura en los estudiantes” y “Moral de funcionarios, y algunas generalidades sobre moral de la vida pública”.
Los motivos por el cual elegimos a este autor nacional son: la vigencia de su pensamiento, su enseñanza de vida y el aporte que nos hace como futuros docentes, aportes éstos que no han sido debidamente aprovechados y difundidos. Además, cabe destacar lo relevante que nos parece el hecho de que su posición no puede ser encuadrada dentro de ningún sistema, solamente rehuye una cosa: LA MUTILACIÓN DEL PENSAMIENTO O DEL SENTIMIENTO. El centro de su postura es un individualismo ansioso de superación y rectificado por un sentimiento de justicia social, enfocando los problemas en un plano superior.
Ya que abordaremos una temática relacionada a Ética y Moral se recurrirá a las definiciones de los diccionarios filosóficos de André Lalande y de Nicolás Abbagnano. El primero define la ética como la ciencia que tiene por objeto el juicio de apreciación en cuanto se aplica a la distinción del bien y del mal. Por su parte, el segundo lo define como ciencia de la conducta.
La moral es a su vez definida en el primero de los textos mencionados como reglas de conducta admitidas en una época, por una sociedad determinada; para el segundo: el adjetivo Moral tiene en primer lugar dos significados que corresponden a los sustantivos moral, a saber:
1) pertinente a la doctrina ética; y
2) perteneciente a la conducta y por lo tanto susceptibles de valoración moral y en especial de valoración moral positiva.
Si sintetizado, entendemos por ética la ciencia filosófica de la moral y por moral el conjunto de normas de conducta admitidas en una época determinada por un grupo de personas, vemos que en el lenguaje cotidiano se suele utilizar dichas expresiones como sinónimos.
En tanto somos integrantes de una sociedad y cumplimos un rol docente, tenemos la obligación moral (o ética) de ceñirnos a las normas de conducta establecidas por la misma, si nuestro actuar es correcto, favorecerá enriqueciendo nuestra vida de relaciones, nos dará la tranquilidad de espíritu cada vez más necesaria en el estresante quehacer diario y en igual grado fortalecerá positivamente la relación con el alumnado.
Existen verdades morales que nuestra conciencia no puede dejar de admitir y sólo aceptándolas como tales podremos vivir en paz con nosotros mismos.
Antes de abordar el tema propuesto consideramos necesario tener presente algunos datos del autor.
El Dr. Carlos Vaz Ferreira nació en Montevideo el 15 de octubre de 1872; a los veinticinco años ganó por concurso la cátedra de Filosofía en la Universidad, que resultó ser su modo de expresión. Su profesión era el Derecho sin embargo su vocación fue la docencia con genuina dedicación.
Como filósofo logró un estilo propio, original, de peculiar vigor expresivo. Se ha dicho de él que en el orden “de la comunicación abstracta de ideas no hay ejemplo en nuestro idioma de un estilo más diferenciado y característico dentro de la expresión filosófica”.
Otra peculiaridad de su producción filosófica es su fuerte impregnación científica. La ciencia pura ha tenido en Vaz Ferreira a uno de sus más calificados intérpretes y a un eximio y sagaz rectificador de las trascendentalizaciones ilegítimas de los hombres de ciencia.
En el plano de la aportación de la filosofía a los problemas estéticos, ha realizado estudios de la más alta calidad, tanto por la profundidad de sus planteos como por el don de claridad, en cuyo mérito, las más profundas cuestiones se transparentan en un léxico diáfano de singular expresividad.
Vaz Ferreira, ocioso es decirlo, es un humanista auténtico. La sentencia de Terencio parece escrita para definirle: Homo sum; humanum nihil a me alienum puto. Ha demostrado siempre preocupación por lo concreto, por lo inmediato, arista singular en un espíritu esencialmente especulativo, que ha colocado en el más alto plano la relevancia y la eficacia de los estudios desinteresados.
Este perfil de su personalidad ha sido abonado por numerosos ejemplos, de hecho, a lo largo de su dilatada vida. Como hombre práctico luchó más de treinta años por la implantación en el país de la Facultad de Humanidades y Ciencias. Un día su entrañable iniciativa se transforma en ley. Llamado luego a presidir los destinos de la nueva institución, el filósofo socrático que hay en él, fue el fervoroso defensor del saber desinteresado. Definió la orientación del nuevo centro de estudios del siguiente modo: "Un claustro de ejercicios espirituales donde se estudie por el estudio mismo, por el placer y la superioridad del estudio, de la cultura y del trabajo espiritual desinteresado".
El filósofo, a través del profesor, ha sido un educador de excepción. Su obra en esta materia no tiene parangón. Ha abarcado todas las ramas de la enseñanza: primaria, secundaria y superior. Y, desbordando la enseñanza oficial, reglamentada, desde su Cátedra Libre de Conferencias ha sido insuperable órgano de cultura superior. La diversidad de los temas examinados en ella y la calidad de los estudios realizados le confieren una jerarquía difícil de igualar. Los más herméticos problemas metafísicos y estéticos, así como las teorías científicas surgidas a la luz de los más recientes descubrimientos, han ocupado la atención del ilustre profesor. También, todas las manifestaciones de la creación artística, especialmente la psicología de la creación y de la crítica, así como importantes problemas de filosofía jurídica y del ordenamiento económico y social de la comunidad. Todo ello, con ejemplar probidad intelectual y austero rigor científico.
Debe destacarse, además, el lugar prominente que corresponde a los problemas morales en la vida y en la obra vazferreiriana. Desprovisto de convicciones religiosas, ha colocado en la cumbre de la jerarquía axiológica a los valores éticos, sin sacrificar a ninguno. En lo moral, ha sido el apóstol del hombre integral que, en un esfuerzo poco pensable, lleva de frente todos los ideales con los consiguientes conflictos éticos, con angustia y remordimiento: “Cristos oscuros, sin corona ni sacrificios...”.
El sabio, dice, no retrocede ante ninguna cuestión. Y en el orden moral: “...la conducta sincera por parte de los hombres de pensamiento, es la condición más indispensable del mejoramiento intelectual y moral.” En su caso, así como el educador es inseparable del filósofo, el hombre lo es del filósofo y del educador.
Su vida apostoliza su ética. En este sentido se puede decir, sin distorsión del lenguaje, que Vaz Ferreira es el primero y el mejor de sus discípulos. El itinerario de su vida pública y privada reproduce, sin una deflexión, las más exigentes puntualizaciones éticas del filósofo, quien dejó de existir en Montevideo en el año 1958.


Consideraciones esenciales

En este libro Vaz Ferreira se refiere a cómo los estudiantes a partir de su bachillerato deberían abordar el tema del conocimiento disciplinar y aplicarlo en la vida cotidiana en un apartado al cual titula “Deber de cultura en los estudiantes”. Allí da determinados consejos de aplicación práctica.
“El deber de cultura en los estudiantes se obscurece y se complica, por la acción fatal, forzosa que ejercen sobre la manera de estudiar, y sobre las mismas mentes juveniles, ciertos procedimientos de fiscalización de que el Estado, al organizar la enseñanza, no puede prescindir. Estos procedimientos, sean exámenes propiamente dichos o realícense en cualquier otra forma de las usuales… producen un doble mal, de orden intelectual y orden moral.”
En lo intelectual prevalece el flujo que va de adentro hacia fuera, observándolo en la propia terminología utilizada por los estudiantes, por ej: ¿Qué das este año?. Pareciera que se hace referencia a algo que sale y no precisamente a algo que entra. La preocupación está centrada en estudiar para mostrar que se sabe y no en estudiar para saber. A partir de esta realidad existente aún hoy, cabe plantearse la siguientes cuestiones:
· ¿Estamos concientizados de esta forma de estudio?
· ¿Se estudia para saber o para aprobar exámenes?
· ¿Los estudiantes de profesorado utilizamos estas prácticas?
· ¿La preocupación de entender es superior a la preocupación de recordar y repetir?
Si las respuestas a estas preguntas favorece a la segunda opción, se estaría produciendo entonces una “artificialización y superficialización de la cultura.”
En lo Moral se crea una moral especial, pues se privilegia el aprendizaje memorístico, exigiéndole a la memoria esfuerzos que van contra su propia naturaleza pues no apuntan hacia la creatividad inherente al ser humano. Como docentes debemos cumplir con un programa establecido en el cual hay una extensa lista de contenidos; se plantea entonces la alternativa de: cumplir formalmente dicho programa (impuesto y alejado de los intereses del estudiantado) o, seleccionar y jerarquizar los contenidos ampliándolos con otros emergentes. Esta última opción favorecería -según nuestro entender- el saber por el placer de saber.
Siguiendo con el comentario de lo expuesto por el autor, no podemos dejar de mencionar los consejos que este da a los estudiantes para superar la problemática anteriormente expuesta y lograr aprendizajes significativos.
I. I. “…quiero aconsejarles como el primer deber del estudiante, desde el punto de vista de la moral de la cultura, una conciliación entre las necesidades del examen y el deber de cultura en un sentido mucho más amplio y elevado.”
Lo que está proponiendo este magnífico intelectual uruguayo es crear otra manera de emprender tan loable tarea como es la de formarse como persona. Inculcar una psicología superior en la que se comprenda que no es posible separar las actividades intelectuales y el uso de ciertas facultades con la formación ética, logrando integridad y no una mera suma de actividades.
Como estudiantes tenemos la responsabilidad de cumplir con los programas, estudiar para los exámenes y asegurarnos la aprobación; pero no conformarnos con ello, pues realizar esta tarea, solamente, no implica cumplir ni con el cometido intelectual (dominar una asignatura para ser trasmisores de contenidos) , ni con el cometido moral (otro estado de espíritu necesario para incorporar valores y educar en consecuencia, comprometiéndonos con la función).
Dice, ya desde el bachillerato los estudiantes podrían elegir algunas pocas cuestiones –según sus preferencias personales- y profundizar en ellas, pues “lo que importa es la educación del espíritu en todo sentido, intelectual y moral, que así se adquiere. La vida del estudiante es infinitamente más grata para el que, además de estudiar en superficie, se preocupa por estudiar en profundidad.” Pero este hábito de profundizar debe continuar para que una vez egresados de la enseñanza terciaria con el titulo de Profesor tener presente que la actualización es imperiosa.
Aunque el autor no lo menciona explícitamente (por no ser el tema a tratar) podríamos sugerir sobre cuál sería la postura más adecuada de los docentes en pos de esa educación del espíritu.
El profesor debe seleccionar, jerarquizar y dar lugar al tratamiento de temas emergentes, permitiendo profundizar en lo que realmente le interesa a sus estudiantes, de esta manera está promoviendo una educación cuyo resultado será “estudiar para saber”.
Cabe aclarar que hoy en día es imposible profundizar en todo, ya que es improbable abarcar todo el conocimiento, por lo que es necesario seleccionar algunos temas porque lo importante es generar competencias para permitir una educación permanente.
Vaz Ferreira sugiere la formación de hábitos para permitir, en actuaciones futuras la necesidad de ir progresando un punto cualquiera. Se educará de esta forma el estado del espíritu de tal forma que nos guiará en el cotidiano vivir.
II. ¿Aprender por escalonamiento o aprender por penetración? El primer procedimiento implicaría ir presentándole al estudiante los contenidos por grado de dificultad creciente, de forma tal que aparecerían seriados de lo más fácil a lo más complejo, un conocimiento es base para el siguiente y así sucesivamente. Este principio recuerda la aplicación del método cartesiano, que para alcanzar la verdad es necesario hacer un análisis de las partes más complejas pero siempre partiendo de lo más conocido y de esta forma elevar el espíritu a lo más general y abstracto.
El segundo procedimiento sugerido consiste en presentar los contenidos naturalmente y sin tener en cuenta el grado de dificultad creciente, para que a medida que el estudiante va incursionando en él vaya descubriendo por si mismo la importancia que éste posee.
Podemos enseñarle a nuestros alumnos con textos hechos especialmente para enseñar (escalonamiento) o, con libros propiamente dichos, es decir todo aquel material bibliográfico que no ha sido hecho con fines didácticos (penetración). Sería condición indispensable, en este último caso, que el material presentado no sea totalmente inasimilable. Lo ideal sería combinar ambos procedimientos.
III. “Otro consejo, esencialmente práctico, sería el de formar el hábito de dedicar una parte de nuestro tiempo a algo en el orden intelectual, que no se refiera a nuestros fines prácticos inmediatos.” Según Vaz Ferreira esto modificaría de una manera radical las manifestaciones de nuestra cultura ya que ampliaría la visión de cada uno. Si cada estudiante dedicara aunque sea media hora diaria a algo que no sea su vida liceal inmediatamente utilitaria, crearía hábitos que permitirían modificar nuestro medio enriqueciéndolo posteriormente como funcionario o profesional.
Aristóteles señaló que el hombre es un animal de costumbres, un ser social por naturaleza que admite ser educado. Propone crear hábitos para formar hombres virtuosos; hay según él dos tipos de virtudes: éticas y dianoéticas. Vaz Ferreira no especifica, pues de sus escritos se desprende que el hombre es una unidad moral e intelectual.
IV. “La cultura teórica, la alta cultura, es como el curso superior de los ríos, cuyas márgenes pueden ser, quizás, infecundas, pero que alimentan el curso inferior, cuya corriente fertiliza naciones enteras.” Lo que motiva esta afirmación del autor es el hecho de que junto con la sobrevaloración de la industria, del comercio y de las profesiones manuales, no se ha podido emprender su elogio, sin que al mismo tiempo se denigre o combata lo teórico. “… casi todos los que hoy escriben a favor de las profesiones manuales e industriales, creen que no pueden hacerlo sin deprimir la alta cultura simultáneamente.” Lo práctico y lo teórico se complementan, alimentándose lo primero de lo segundo. Si la ciencia y la cultura teórica se debilitan, decaen correlativamente todas las manifestaciones prácticas del pensamiento y de la actividad humana.
Aún hoy, y a pesar de los esfuerzos de las autoridades, en el imaginario colectivo se sigue distanciando “los oficios de las profesiones”. No ocurre, como plantea el autor de que existan concursantes que al presentar sus méritos lo hagan acompañado de una recomendación; pero si hay concursos diferenciados por subescalafones (UTU, secundaria) para docentes de asignaturas teóricas.

Por lo expuesto, teniendo como base el apartado del “deber de cultura en los estudiantes” es comprensible extrapolar algunos párrafos anotados en “moral de funcionarios, y algunas generalidades sobre la moral de la vida pública” que si bien no son específicos para los docentes son argumentos que, consideramos, le caben.
Considera dos teorías opuestas.
1) El radicalismo abstencionista absoluto.
2) El posibilismo. Teoría que significa “buscar y obtener todo lo que fuera posible en beneficio general”. Posición que sostiene que toda actividad debe estar en beneficio del país y no del gobierno.
Propone que la mayoría de los funcionarios, de manera directa o indirecta, ejercen alguna influencia. Trasladada esta idea a la actividad docente, por cierto que mucho más. El profesor es, además de conducir el aprendizaje, el modelo de comportamiento, por lo que debe asumir un compromiso de responsabilidad no sujeta a los gobiernos de turno.
Vaz Ferreira remite en varias oportunidades a situaciones morales de tipo didáctico. Si recordamos la definición de Abbagnano, se plantea, en rigor, cuestiones de ética, que un profesor frente a su clase también se debe preguntar. ¿Se debe o no se debe enseñar moral?
En realidad no es una cuestión aislada del quehacer cotidiano, según el autor, que se pueda separar de la temática del programa, sino que, lo que se debe es aplicar o desarrollar la moral que cada uno tiene. Lo que manifiesta en este apartado es justamente lo que en estos tiempos está sucediendo “un compromiso de voto” por lo que se hace imperioso hacer explícitos los valores más elevados.
Delata situaciones en las que los valores éticos no están contemplados, pero no da los deberes que impone en el capítulo dedicado a los estudiantes.
Si tomamos en consideración, por ejemplo los aportes que Manuel Kant hace a la formación ciudadana, los argumentos del filósofo uruguayo son débiles. Dice: “Vuelvo a repetirlo: no pretendo crear moralidad; pero lo que creo que puede ser practico, es enseñar a emplear bien la moralidad que se tiene – y estas cosas, simplemente hay que atenderlas.”
Su noción de moralidad está en lo que más atrás enunciamos: ser modelo. Pretende, aquí sí, como la posición kantiana, de lograr una ética autónoma en la que el alumno es capaz de alcanzar por si mismo y no por sentirse sometido a la presión de la autoridad; y que cuando tenga que cumplir como funcionario su comportamiento sea adecuado a la responsabilidad que le compete. La ética estará constituida de la consideración conjunta de muchos móviles, de causas de acciones consistentes en posibilidades e hipótesis de clarificar de forma de auto-ejemplarización.
En lo expuesto, esto es, una moralidad incluida, el autor persigue un fin, determinar cual sería el hombre ideal.
“El ideal es el hombre en quien la energía y la dignidad severa están vueltas, diremos, hacia arriba, mientras que, en cambio, su conducta con los humildes, con los desdichados, con los inferiores, se va impregnando cada vez de una mayor cantidad de piedad y consideración; sin perjuicio, naturalmente de aquel grado de rigidez o severidad que es necesaria por razones de interés general.” ..... “En cambio, el tipo inferior de todos, el que ustedes deben acostumbrarse a considerar como despreciable es el tipo ‘invertido’ a que me refería: el que tiene la dureza para abajo y la debilidad para arriba”.
La idea constante que se propone, y nos quiere trasmitir es la del respeto y la dignidad humana. El día en que el Derecho y la Justicia entren en contradicción, debemos luchar por la Justicia. Es por esto que en la cita de arriba reconoce que hay en nuestra sociedad, al menos dos tipos de persona en cuanto y en tanto se relacionan con los demás en calidad de dominadores o en calidad de igualdad (piedad y consideración). Aquellos que se regocijan con los dominados son los que manejan una escala de valores que sirven a sus intereses mezquinos cuya tendencia general es potenciar lo material sobre lo espiritual. El profesor debe bregar por actos justos, dándole al carenciado las posibilidades de acceder en las mismas condiciones.
La tarea educativa debe tener como objetivo general, como acto más elevado, más conveniente y al mismo tiempo para el interés general, nombramientos , teniendo únicamente en cuenta, los títulos y méritos. La misma noción de Artigas, sólo reconociendo “talentos y virtudes”. Idea que se contempla en la sección primera de nuestra Constitución al referirse a la igualdad de los ciudadanos.

Ideas finales

Luego de reflexionar sobre estos pensamientos vaz ferreirianos, concluiríamos que los intelectuales lograríamos elevarnos a otro estado del espíritu, visto desde tres dimensiones:
a. El estudiante: debe estudiar no sólo para aprobar exámenes y mostrar sus conocimientos sino también por el hecho de saber, por el valor del saber en sí mismo.
b. El docente: actuar como un mediador entre el conocimiento y el alumno, permitiendo profundizar en algunas pocas cuestiones (ya que es imposible ahondar en todo), dando lugar a los temas emergentes y utilizando en forma combinada la enseñanza por escalonamiento y aquella que es por penetración.
c. El funcionario: dos deberes primordiales, ocuparse de política y no hacerlo sólo de política.
Tenemos que recordar las indicaciones vazferreirianas “no pensar por sistemas, sino por ideas a tener en cuenta”
Su planteo se agudiza cuando se refiere a la actitud que deben tomar las personas al ejercer una actividad, sea esta de estudiante o desempeñándose en diligencias de adulto.
Sus propuestas deben ser comprendidas. Está corroborado que lo importante es “saber”, por lo tanto hay que aprender a aprender. Como docentes debemos comprometernos a dar los contenidos programáticos, pero también incluir los ejes transversales de la ética.

El sistema educativo vigente, enseñar por áreas, contiene del espíritu del filósofo, sin un aporte concreto, la noción de totalidad, que toda teoría de la educación debe tener presente. El alumno no debe pensar que su actividad estudiantil concluye el día que “salvó el examen” sino que es necesario internalizar que el aprendizaje es continúo y permanente.
La complejidad del mundo actual, y los paradigmas vigentes hacen necesario que la formación del docente tenga un barniz de filosofía. Dicho de otra manera, es tener en cuenta toda la problemática socio-económica-cultural a la hora de planificar su tarea áulica. Problematizar y reflexionar todas las prácticas docentes.
Si se siguen las propuestas de Vaz Ferreira entonces se tiene presente la idea que desde Aristóteles se viene pregonando: el bien común. Por esto la última pregunta planteada: ¿La preocupación de entender es superior a la preocupación de recordar y repetir? Debemos contestarla afirmativamente, pues estamos seguras que si se logra comprensión de las situaciones, éstas se pueden superar si se construyen sujetos autónomos, libres y responsables.

dic/2004 Trabajo realizado por Yoela y Cora.-

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